Historias y microcuentos

Déjame darle una vuelta

By abril 22, 2020No Comments

Déjame darle una vuelta

Era un domingo caluroso de primavera. De esas primaveras a las que no llaman verano únicamente por respeto al calendario. Todos tenían dieciocho años, la época dorada, o eso querían pensar. Tenían muchos planes, entre ellos su partidita de mus y su vinito de media tarde.

Escuchaban canciones de Nino Bravo, Los Brincos y Concha Velasco. Sus padres en cambio se habían quedado anclados en la época de la música urbana y el reggettón. Para gustos colores pensaban ellos. Puesto que la tolerancia era la nueva marginación social. Cuanto más tolerado eras, más excluido.

Durante la partida de mus, Liam y Otto trataban de maquinar un nuevo juego de pelota. Cada uno de ellos tenía en mente una serie de reglas. La idea principal era que la persona que iniciara el juego tirara una pelota del tamaño de una castaña al terreno de juego y marcara el sitio desde donde se debía lanzar. El resto debía dejar su pelota lo más cerca posible de la primera bola.

– A la bola pequeña la llamaremos Boliche – comentaba Otto

– Bien, me parece buen nombre – respondía Liam

– Aún así déjame darle una vuelta, por si se me ocurre algo mejor

Así marcaron las normas de juego, haciendo un reglamento muy completo y a la vez evitando complejidades. En lo que no estaban de acuerdo era en la distancia que debían marcar entre el boliche y cualquier obstáculo del rectángulo de juego. Uno decía que con un metro bastaría, en cambio el otro consideraba que dependía del obstáculo, ya que debería tenerse en cuenta la posición del mismo. Uno consideraba que no debía obstaculizar la vista, en cambio el otro comentaba que los obstáculos debían ser inamovibles.

Al acabar la partidita de mus comenzaron a discutir sobre el nombre del juego. Como pareja de mus tenían un pase, pero como pareja de creativos les faltaba demasiado.

– Déjame darle una vuelta – volvía a repetir Otto – petanca, ¿qué te parece?

– ¡¡OLE!!, creo que lo tenemos, amigo

A día de hoy, los estadios de fútbol más importantes del mundo, desde el Santiago Bernabéu, pasando por San Siro hasta Wembley se han convertido y remodelado para acoger los mejores campeonatos de petanca. La Champions League de Petanca es ahora la competición más importante por equipos y los profesionales se cotizan a precios de oro. Las normas se han extendido para dar paso a mejoras en los reglamentos. Cada estadio tiene sus propios escenarios, pudiendo cambiarse los obstáculos dependiendo de los contendientes en la batalla.

Y así es como cambió el paradigma deportivo.

– Déjame darle una vuelta, porque no termino de verlo

– Bueno Otto, siempre podemos volver al fútbol

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